Debido a los recientes acontecimientos de los realitys este fin de semana y dadas las agitadas reacciones de muchas personas en contra, me he visto en la obligación moral de redactar una pequeña reflexión al respecto. Primero y a modo de encuesta interactiva, quisiera que se preguntase señor twittero, bloggero, facebookero (o cualquier otra denominación que se le pueda dar a aquellos que suelen expresarse y plasmar su opinión en la virtualidad), cuales son las verdaderas razones por las cuales critica los hechos a los cuales estoy haciendo referencia (la trampa realizada en el desafío por parte del equipo de costeños y la ‘mechoniada’ de elianis a oscar y su posterior expulsión). Más de entrada y antes que se responda, debo decirle que soy completamente culpable de no solamente ver, sino además disfrutar de la forma más baja y superficial de ambos programas, y eso no me convierte en un ser despreciable, poco inteligente, sin criterio o cualquier razón expresada en muchos comentarios y post en diferentes medios. Es completamente reprochable que un país como Colombia pueda movilizar a tantas personas, medios e incluso congresistas (nótese mi expresión de sorpresa), frente a hechos que son completamente absurdos y por lo cual no vale la pena ahondar o discutir, por las razones que me permito, con todo vuestro respeto, expresar a continuación.
En primera medida, y siendo completamente objetivos con el asunto, se debe considerar que la televisión es y ha sido considerada como un medio de entretenimiento, y afortunada o desafortunadamente para las compañías televisivas y para las tele audiencias, el entretenimiento que vende se encuentra relacionado con temas subidos de tono, morbosos y meramente superficiales. O lo llevo de nuevo a preguntarse, si alguna vez mientras usted ha estado en un bus o en un carro, y se ha presentado un accidente de tránsito o hay un herido o un muerto o en el camino usted, al menos por simple y llana curiosidad no ha volteado su mirada a ver qué tan grave es la situación o que tan estampillado quedó el susodicho. Son exactamente las mismas razones que llevan a personas como yo, como usted y como cualquiera a entretenerse con el morbo, de ver cosas que normalmente no podríamos presenciar en nuestras vidas reales, que a veces (solo a veces) suelen ser demasiado aburridoras. Y hago una pausa, solo para aclararles que aunque veo dichos programas, el morbo nunca me ha llevado a ver alguna de estas escenas crudas callejeras, quizás, porque según mi abuela, carezco del cuajo suficiente.
Ahora bien, prosigo con mi análisis pseudo ‘intelectualoide’ sobre el asunto. La televisión es un medio meramente superficial y eso no entra en ninguna discusión, así algunos y algunas quieran hacerlo ver como un medio de formación y de educación. Porque así veamos animalitos en Animal Planet o documentales sobre los restos de Jesús en Discovery, siempre nos alegrará ver como los leones cazan de forma violenta a sus presas, o como por ejemplo, con exactitud investigadores eminentes se proponen demostrar la forma en que fue crucificado nuestro redentor. Incluso la televisión más ‘instructiva’ posee un transfondo que se propone emocionar a quien se encuentra al otro lado de la pantalla. Al principio de los medios de comunicación masivos, esta clase de emoción estaba dada con ver la llegada de un tren a una estación o una recreación casi perfecta de un viaje a la luna, famosas cintas de Lumiere y Méliès; y si usted es de los que ha criticado de forma categórica los hechos acaecidos en nuestra televisión el fin de semana y no tiene ni la más remota idea de lo que le estoy hablando, le recomiendo que en vez de estar leyéndome, se acerque a una biblioteca o para no ir muy lejos, entre a youtube y se entere de lo que le estoy hablando. Como iba diciendo, estos medios fueron concebidos para impresionar, para despertar nuestras emociones, a través de cosas que de otra forma sería imposible ver, como viajar a algunos campos de tulipanes a Holanda o admirar como es la explosión de una supernova. Pero con el paso de los años la capacidad de las sociedades por impresionarse se ha vuelto cada vez más estricta y bastante compleja, quizás la razón por la que cada vez más productos audiovisuales han tratado de hacerse a la mano de una serie de recursos que permitan mostrar a la teleaudiencia otros puntos de vista. Avances tecnológicos en cámaras y formas de grabar, efectos especiales e incluso la forma en que se escriben dichos productos, mejor llamados libretos y hasta los programas en los que vemos la realidad, mejor conocidos como realitys, hacen parte de este paquete de innovaciones que nos han llevado a ver de forma distinta no solamente la televisión sino el cine. O acaso muchos de ustedes no se encuentran emocionados con la salida al mercado de películas como Batman o de las últimas temporadas de series como Dexter o Breaking Bad, entre otras cosas, productos que no solo exploran las más bajas condiciones de violencia y maldad de los seres humanos, sino que echan mano a infinidad de escenas bastante fuertes.
Pero dejando el terreno de televisiones foráneas, en donde existen canales dedicados a transmitir realitys las 24 horas y en donde se atreven a mostrar persecusiones policiales e incluso la divertida vida de algunos famosos, vamos a centrarnos en nuestra televisión local. Y viene otro interrogatorio. Si tanto nos interesa el carácter de formación de la televisión para las futuras generaciones, quiero que se pregunte si sus padres alguna vez lo incitaron a ver programas de alto contenido educativo, de esos que transmitían (al menos en mi época) en canales regionales como Telepacífico o en Señal Colombia (cuando no era tan bonito), y si usted tiene hijos, quiero que se pregunte si usted realiza esa clase de invitaciones a sus hijos. Y lo pregunto por una sencilla razón, quejarse es muy fácil, pero tomar cartas en el asunto y cambiar nuestros ‘hábitos’ es bastante complejo. O le pregunto de nuevo, si le parece bastante indignante ver como ciertas personas incurren en hechos de violencia y de trampas en los bien llamados realitys, y por el contrario goza admirando producciones que enaltecen la figura de narcotraficantes y de prepagos, y en donde, con excusa de la ciencia ficción, se pueden encontrar escenas bastante violentas y subidas de tono. Y si se le dijera (en caso hipotético, claro) que estos realitys se encuentran planeados y ‘libreteados’, ¿existiría alguna diferencia? Aún así, ¿los vería? Todavía no se responda por que falta más. Nos quejamos de ‘hechos’ controlados y manipulados por los medios, pero por el contrario no nos quejamos de los noticieros y su forma amarillista de manejar la información, o de las novelas, y su prosa fantástica en donde la mujer pobre y sin recursos asciende de clase social para vengarse de los que le hicieron daño, o de los programas de chismes, que de forma entretenida ventilan las intimidades de los que se hacen llamar famosos. Si usted se está quejando es porque ve y consume televisión, y si no lo hace, déjeme decirle que lo admiro, porque a mí me divierte mucho, así como lo hace leer un libro, dormir, escuchar buena música y reunirme con mis amigos a tomarme unas birras en algún bar, lo que en ningún momento me convierte en un ratón de biblioteca, en un perezoso de tiempo completo, en un melómano experimentado o en un ebrio alcohólico que se la pasa de bar en bar bebiendo cuanto trago se le aparece en frente. Las generalidades son odiosas, y voy a ser completamente enfático en decir esto, el que las personas vean realitys y disfruten haciéndolo, no quiere decir que sean unos brutos e idiotas que no tienen capacidad de discernimiento y que no puedan por ser solos. Al día de hoy mis neuronas siguen intactas y si ha habido algunas bajas, es por situaciones que difieren mucho de ver televisión.
Quisiera escuchar una sola respuesta sincera al respecto. Anoche mientras se encontraban estos programas en emisión, y mientras usted twiteaba o realizaba algún post indignado sobre lo que estaba pasando, ¿qué se encontraba haciendo? Y espero que su respuesta esté relacionada con Dostoievski o con Kierkegard, porque de lo contrario, usted no tiene ningún derecho a criticar o señalar. Los procesos de diversión son eso, y tienen que ver con la distensión y el entretenimiento, con reír y despejarnos un poco de nuestra vida ajetreada y de nuevo, un tanto monótona. Y por supuesto, tal como las bellas presentadoras lo mencionaron en sus respectivos programas, existen razones reprochables para que (en sus respectivos casos) las personas involucradas realicen actos que involucren violencia o trampa; y por supuesto existen razones éticas y morales de por medio, que nos hacen juzgar la forma en que se muestran dichos actos en nuestras pantallas, pero acaso entonces ¿no tendríamos que juzgar por ejemplo, la forma en que usted educa a sus hijos dejándolos ver realitys y novelas de narcos?
A mi parecer y en forma de conclusión, yo creo que no deberíamos escandalizarnos por ello. Es un programa de televisión, que por lo menos a mi me entretiene y en ningún momento me impide realizar actividades relacionadas con la construcción de conocimiento. Si por el contrario a usted si se lo impiden, entonces déjeme decirle que la gravedad del asunto no se encuentra en que los canales transmitan esta clase de programas, sino en su incapacidad de coger su control remoto, apagar el televisor e ir a realizar alguna actividad productiva que le aporte algún granito de arena a su vida. Y mientras hace eso, aléjese también de las redes sociales y del internet y déjenos disfrutar de las cosas banales, creo que lo necesita.
Pd. Pido las debidas excusas por la cantidad de palabras inventadas, pero es que hacen más ameno el relato. No se vaya ahora a encintar también por eso.
Nunca he sabido cómo empezar cualquier texto. Siempre me ha parecido un desafío garciamarquiano escoger las palabras correctas, para que quien lee, al otro lado del papel, se quede un tiempo más y se anime a leer el texto completo. Es bien sabido que no soy un escritor consumado, pero también es completamente claro que, a través de la prosa, suelo expresarme mejor que por la dialéctica; este fenómeno es quizás producto que mi cabeza, funciona mejor en dos dimensiones, solamente. Carezco de memoria a largo plazo, por lo que me es más fácil apuntar y escribir las ideas que circulan en mi cabeza, pero en general, escribo porque me gusta hacerlo, porque encuentro en ello una satisfacción orgásmica que se aleja del placer carnal. Suelo ser directo y puntual, y detesto dar rondas a ideas tangenciales, cosa que ocurre cuando no se tienen las verdaderas agallas para tildar lo que requiere ser tildado. En general, escribo de todo, y de nada a la vez, quizás de música, a veces de cine, otras veces de comida, pero en general escribo sobre mí, sobre lo que me sucede, sobre lo que vivo, sobre lo que pienso, pero en especial, sobre lo que soy. Soy un escritor de muchas metáforas, de inconsumadas hipérboles y de recurrentes exageraciones, quizás, porque así soy yo, un poco metafórico, un toque hiperbólico y en exceso exagerado. Abuso de las pausas, de las comas, de los puntos. Me gusta escribir para quien no me lee, porque quien lo hace, ya disfruta de mi lectura. Quisiera en algún momento poder definirme por algo definido, centrarme en un lugar y ser exactamente uno solo, objetivo casi imposible por mis múltiples puntos de vista, que por momentos, suelen chocar tan fuerte, que ni yo mismo puedo escuchar lo que pienso. Busco en las letras alguna especie de felicidad que me fue arrebatada en algún momento de mi vida, no sé cuando, por aquello de la falta de memoria. Escribo porque me hace falta, porque quiero y porque mi mente me obliga a hacerlo, más no escribo para satisfacer a nadie, casi una cuestión de auto-placer. Me gusta suscitar polémica, armar corrinche, criticar, señalar, generar debate, porque, según una enseñanza socrática muy temprana en mi vida, es lo único que puede garantizar la verdadera construcción de conocimiento. Me importa poco en el mundo, soy algo obsesivo, en exceso, caótico, pero en general, puedo definirme como un cronopio de tiempo completo. Sufro por lo que no hay que sufrir, quiero lo que nadie ha de querer, escribo sobre lo que nadie quiere escribir. Me gustan los finales abruptos que no dejan pie a ninguna conjetura. En general, quiero hacer este blog, para que mi mente tenga la capacidad de pensar sana y claramente. En pocas palabras, estas, son las letras de mi cordura.